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Julio 20, 2018
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24 HS. DE VOCES XENEIZES!!!!!

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24 HS. DE VOCES XENEIZES!!!!!

Liguilla 85/86

Julio 08, 2018
Liguilla 85/86 Para todos los futboleros argentinos, decir “año 1986” es referirse a Diego Armando Maradona, al Mundial de México, a Bilardo.
Para la mitad más uno del país es además hablar de la liguilla 85/86. La que clasificó a Boca a jugar la Copa Libertadores tras 4 años sin disputar el torneo más importante del continente.
Hay que colocar todo en contexto. Los años 1984 y 1985 fueron de los más duros de la historia del club. Convocatoria de acreedores, club intervenido, jugadores libres, Bombonera clausurada y tras la conformación del llamado grupo de notables, Antonio Alegre asume interinamente la presidencia del club. En ese interín se convocó a elecciones (las que finalmente se llevarían a cabo en el mes de diciembre de 1986).
Para el Nacional 85, ya con Antonio Alegre, llegaron a Boca el tata Brown, Tapia y Olarticochea (éstos últimos por Ruggeri y Gareca), Graciani y Quique Hrabina, entre otros. Ya no estaba Mouzo, un caudillo con todas las letras.
A mitad de 1985 comenzaba el Torneo Metropolitano 1985/86, el cuál traía una novedad reglamentaria: la liguilla para determinar el segundo equipo clasificado para jugar la Libertadores.
A principios de 1986, La Saeta rubia Alfredo Di Stefano dejó su lugar como entrenador y asumió su ayudante de campo: Mario Nicasio Zanabria, un elegante ex jugador de Boca, formado en las inferiores de Newell´s Old Boys de Rosario.
Los antecedentes de Marito Zanabria como jugador de Boca invitaban a soñar. El Chino Tapia, quien jugaba en su puesto, marcó 17 goles en ese torneo y se terminó ganando un lugar en la lista mundialista de Bilardo.
Relacionado con el mundial en tierra Azteca, el Tata Brown también dejó Boca a principios de 1986. Lo reemplazaron el Pipa Higuaín y Juan Amador Sánchez. Krasouski, otro caudillo, no pudo jugar un solo partido de todo el Metropolitano. Volvió justo para la jugar en la liguilla.
Boca terminó en el quinto lugar del torneo. No importa quien fue campeón. Del segundo al sexto clasificaban para la liguilla. Argentinos Juniors no jugó la liguilla por ser el precedente campeón de la Libertadores. San Lorenzo, séptimo en el Metropolitano, ocupó su lugar.
Clasificaron Español y Newells (directo a segunda fase), más Vélez, Boca, San Lorenzo y Ferro. Por el interior clasificaron Olimpo y Belgrano (directo a segunda fase), más Alianza Cutral Co (Neuquén), Concepción (Tucumán), Guaraní Antonio Franco (Misiones) y Guëmes (Santiago del Estero).
Como era de suponerse, en la primera fase los 4 equipos directamente afiliados a AFA ganaron ambos partidos y pasaron de ronda.
De todas formas, para Boca Juniors no fue nada fácil. Boca viajó a Neuquén para enfrentar al local Alianza Cutral Co. Menos de un año antes ese mismo equipo había vencido a Boca en un amistoso. Ésta era la primera (y única vez en la historia) que Boca jugó un partido oficial en dicha provincia.
En un estadio totalmente colmado, con dos goles de pelota parada (Graciani en el primer tiempo e Higuaín en el segundo), el Xeneize se impuso por dos a uno.
La revancha se jugó en la Bombonera y se repitió el tanteador. Con goles Krasouski (anticipando en el área chica) y de Ivar Gerardo Stafuza (en una especie de centro - tiro al arco), Boca aseguró el pase de ronda ya avanzado el segundo tiempo. El partido dejó un saldo negativo: el desgarro del ruso Hrabina, quien no jugó el segundo tiempo en la Bombonera y se perdió tres partidos, siendo reemplazado por Bordet en esos encuentros.
En la segunda fase, el rival fue Olimpo de Bahía Blanca. El primer partido se jugó en la Bombonera y fue empate en un tanto. Abrió la cuenta Passucci de cabeza, tras recoger el rebote de un remate de Rinaldi en el travesaño. El histórico centroforward rival (Schmidt) empató el partido. No cayó bien en la parcialidad Xeneize ese resultado, menos la actitud con la que jugaba Rinaldi. Tiempo después se supo que ello tenía una causa adicional que no viene al caso.
La revancha se jugó en el Carminatti, y debió desempatarse en tiempo suplementario. De volea Tuta Torres abrió el score, empató De Pietri en el primer tiempo. Tras una buena jugada colectiva por el costado derecho, la Chancha Rinaldi volvió a poner a Boca en ventaja. El tanto nació en un centro de Abramovich, la bajó Krasouski y el ex San Lorenzo convirtió frente al arquero. La alegría duró poco. Stach emparejó el partido y nos fuimos al alargue.
Casi sobre el final, tras un mal pique de la pelota, Tuta Torres aprovechó un yerro defensivo, gambeteó rivales, arquero incluído y festejó el pase de ronda con una cabriola. Los suplentes de Boca se sumaron al festejo, cerca del banderín del corner.
En cancha de Boca, San Lorenzo eliminó a Velez por penales. Newells le ganó los dos partidos a Belgrano y Ferro doblegó al Deportivo Español.
En rival de las semifinales era San Lorenzo. Para ese entonces, los Cuervos jugaban como locales en la Bombonera pero para enfrentar al Xeneize eligieron al estadio Monumental. Justo un 25 de mayo, día patrio.
A poco de iniciado el encuentro, Passucci sorprendió a propios y extraños (jugó de 6 ese día), dejó sentado a un rival y cuando salía a atorarlo Chilavert, con su pierna zurda, la tocó suave, cruzada, junto al poste.
Empató Walter Perazzo (quien años más tarde sería jugador de Boca), y así culminó la primera etapa. Ya en el segundo tiempo, Graciani, de tiro libre, en posición cerrada y al primer palo, marcó el decisivo 2 a 1. La ausencia del Chino Tapia en el equipo mostró un Graciani decisivo con la pelota parada.
En la Bombonera, un 0 a 0 clasificó al Xeneize a la final. Partido chato pero necesario para pasar de ronda.
Se venía Newells, el subcampeón del torneo, quien encima tenía dos días más de descanso y no había jugado la llave de la primera fase. Como ocurriera luego en 1991 ante el mismo rival en un encuentro clave, los dos jugadores más importantes de Boca estaban en la selección (en este caso Tapia y Olarticochea)
Gatti, Abramovich, Higuaín, Passucci y Hrabina; Stafuza, Krasouski y Melgar; Graciani, Rinaldi y Torres jugaron por Boca Juniors aquel 8 de junio de 1986. Tres días antes, en Puebla, México, Argentina había empatado en un tanto contra el último campeón del mundo. Maradona comenzaba a escribir a fuego su nombre en la historia con un golazo.
Y ganó Newells 2 a 0 con dos goles del Tata Martino. El segundo de tiro libre, tras falta de Abramovich a Dezzotti.
Newells jugó a no jugar y Boca no logró salirse del libreto que propuso la visita. Tuvo chances para marcar pero en su mejor momento llegó el segundo de la Lepra. La Revista Solo Fútbol colocaba como resultado moral el empate en 1. Estaba claro que Boca no mereció perder.
Tras el partido Dykstra se quejaba que Newells ensuciaba el partido, similar a las palabras que eligió el boliviano Melgar. Abramovich decía que en el Parque Independencia sería difícil pero no imposible. Gatti elogiaba al Tata Martino por su pegada pero concluía que: ”Boca no se entrega. En Rosario se va a escribir la última parte de esta historia y tengo confianza”. Scoponi, el arquero del rival, decía que estaba en un buen momento y que le gustaría mantenerlo en la Copa Libertadores, aunque dijo “falta un partido”. Con aires triunfalistas Pautasso dijo que Newells “se animaba a cualquiera y en cualquier cancha” y su DT Solari destacaba que “Boca siempre es Boca pero que debería hacer el gasto para poder remontar un score adverso, en cambio Newells seguiría con la filosofía de jugar bien al fútbol”. Martino, la figura de la ida, también dijo que “Boca es Boca” previo remarcar del aliento de la hinchada Xeneize pero que ellos no juegan. Solari había sido expulsado y recibió una pila desde las gradas cuando salía. Es más, tras el partido, los jugadores leprosos dejaron el campo de juego por el túnel del árbitro, recibiendo algunos proyectiles.
La revancha debía jugarse en el Coloso. Newells había ganado de local sus dos partidos de la liguilla. Además había vencido 2 a 0 a Boca por el torneo 85/86 en Rosario, y había sido empate en 0 en la Boca. Es decir, tres partidos jugados con Newells por el torneo sin marcarle ningún gol.
Agrego algunos datos más. Previo a la final de la liguilla, en los anteriores 10 partidos ante Newell´s sólo habíamos marcado un tanto y desde 1981 que no le ganábamos a la Lepra, ascendiendo a un total de 11 partidos. En rigor de verdad, Boca había ganado sólo 2 de los últimos 19 encuentros en Parque Independencia. Y Newell´s contaba además de un invicto de 24 partidos. Era el subcampeón, y hasta podía perder 1 a 0….
Desde los números, desde los antecedentes y desde el propio presente futbolístico de cada equipo, era una misión imposible.
Apenas concluyó el partido de ida, desde el seno de la CD de Boca se avisó que se fletaban micros para ir a Rosario. Los mismos saldrían de la Boca a primera hora del día del partido. Es que la final se jugó a las 11 AM.
El viernes por la noche, previo al partido, luego nos enteraríamos que hubo una reunión entre los jugadores, en la que prometieron dejar todo. Y lo hicieron.
Boca formó con Gatti, Abramovich, Higuaín, Passucci y Hrabina; Melgar, Krasouski y Dykstra; Graciani, Torres y Scalise.
Dos cambios respecto a la ida: Dykstra y Scalise por Stafuza y Rinaldi. Stafuza tenía un problema familiar y aún así eligió viajar a Rosario con el equipo, mostrando un compromiso digno de un bostero. Scalise era un punta ex Canalla, Zanabria sabía que Boca tenía que arriesgar desde el túnel. De hecho, Rinaldi ya había sido reemplazado por Dykstra en el entretiempo del partido jugado en la Bombonera.
El partido se jugó un domingo 15 de junio. Un día del padre. Las malas noticias se sucedían: tiro libre de Martino y a los 34 minutos de partido Newells se ponía 1 a 0 con gol del lateral Sialle. En 56 minutos había que marcar el cuádruple de goles de los que Boca le había hecho a Newell´s en 900 minutos. Encima faltaba Tapia, quien fue el goleador de Boca de la temporada
Antes de finalizar el primer tiempo, el mencionado Sialle le comete una falta a Graciani dentro del área y el propio Alfredo Graciani cambió el penal por gol con remate fuerte, al medio.
Boca estaba a dos goles del tercer partido, a 3 de clasificar a la Copa Libertadores. Para colmo de males, Gnecco expulsa a Hrabina por un patadón al veloz Dezzotti, pasando Abramovich a jugar de tres. Encima Zanabria debe sacar al que era el mejor jugador de Boca (Melgar) por lesión, e ingresa el juvenil Hoyos en su lugar. Todo junto y en menos de dos minutos.
Si algún condimento faltaba agregarle a ese momento es que la hinchada de Boca se pelea con la policía y el partido se para por unos ocho minutos. Los intentan desalojar pero se quedan. Y alientan como sólo el hincha de Boca puede y sabe.
Faltando once minutos (más alargue) para finalizar el partido, hay un tiro libre para Boca tras falta de Theiler a Dykstra. Graciani se acomoda frente al balón. A unos metros del vértice derecho del área grande. Con rosca la clava al primer palo, al ángulo. Quedan 10 minutos más el descuento. Boca sigue con un jugador unos menos y faltaba un gol para igualar la serie y llegar al tercer partido.
El hincha de Boca se hacía cada vez más y más presente y empujaba como lo dice su historia. Eran menos que los locales pero parecían millones.
Ahí se va expulsado es Martino por una mano intencional. Los ánimos cada vez más caldeados. En pocos minutos se van expulsados Hoyos y Llop por agredirse mutuamente, e inmediatamente después Higuaín y Pautasso por insultarse. Quedaban 8 contra 8.
Segundos antes del minuto 45 ST de tiempo de juego, el Tuta Torres, con un derechazo rasante y cruzado desde afuera del área, pone a Boca 3 a 1.
La hazaña estaba consumada. Boca había igualado la llave. Pero juntar las palabras Boca y hazaña es siempre algo más. Ese plus diferenciador.
Newells se despertó y empezó a atacar con frecuencia pero en el arco Xeneize estaba Gatti. Tres llegadas claras de la Lepra, en una cancha en regular estado pero llena de espacios, que querían ocupar sólo 16 jugadores. El Loco Gatti estaba en su salsa. Se paró de central, y en más de una oportunidad comandó ataques del Xeneize desde sus piernas y salidas con pelota dominada.
La sensación que daba es que se venía el tercer encuentro en cancha neutral.
Una de las tantas locuras de Gatti terminó en un balón en los pies del Tuta Torres. El juvenil, como en Bahía Blanca, cuando ya no queda aire ni energía, arrancó la jugada en posición de 8. Empezó a driblear y a gambetear rivales. Fueron tres en total. El tercero tocando el balón por un lado y lo fue a buscar por el otro. Un compañero suyo aparecía sólo en el área. Muy similar a como sería la corrida de Burruchaga en México unos días después, con Valdano solo, levantado el brazo. Al ingresar al área remató cruzado de derecha, casi cayéndose. Nada puso hacer Scoponi. Delirio y locura.
Boca marcaba el tanto decisivo a los 7 minutos de tiempo adicionado. Y la epopeya quedó marcada para siempre.
Los más jóvenes dirán que se trató de una liguilla nada más, los que nacimos entre 1972 y 1978 diremos que fue un oasis en el desierto. Por fin el pecho bien inflado para volver al cole en pleno mundial. Nosotros ya habíamos ganado. Y lo habíamos hecho a lo Boca.
Tan histórico lo fue que Scalise, fana del Canalla, dio la vuelta olímpica con la camiseta de Boca y luego la de Rosario Central. Eso le implicó la dificultad de salir de su casa. El hincha de Newells estaba aplaudiendo al elenco visitante, lo hecho por Scalise arruinó la escena.
A Solari y los suyos los rodearon los simpatizantes locales. No perdonaron la derrota pero por suerte eso no pasó a mayores. Ahí nació la expresión “pecho frío”, Al otro año Solari llamaría pecho frío a los hinchas leprosos.
Para el Xeneize, esa liguilla (la primera en jugarse) resultó inolvidable.
Por caso, tras el partido Passucci dijo que fue la mayor alegría que había tenido como futbolista, superando el título de 1981. Telefónicamente se cruzó con el Vasco Olarticochea y con Higuían les dejaban sus buenas vibras por y para el mundial.
Gatti decía que Boca es lo más importante del país. Que Boca va de frente Y que ese era el destino.
Zanabria decía que no se podía hablar de táctica ni estrategia, que Boca fue garra y corazón. Encima, vía radio Mitre lo cruzaban telefónicamente con el Chino Tapia, quien estaba con la selección en México y lo incluía al Chino como parte de la gesta.
Martino decía que aprendió que al rival hay que darle el golpe de knock out. Agregamos, máxime si tu rival es Boca. Solari le decía palabras equivalentes a la revista Solo Fútbol, mientras que en la revista el Gráfico no encontraron forma para describir lo vivido, titulando “simplemente conmovedor”. Lo fue.
Al siguiente torneo, Newells venció a Boca en ambos partidos. Ese partido fue el único que Boca venció a Newells en 14 partidos. Fue el más importante, fue inolvidable.
En realidad, poco importó lo que vino después. Boca había demostrado UNA VEZ MAS lo que es tener a Boca enfrente, más allá de las circunstancias. Cuando eso ocurre, el hincha SIEMPRE LO RECUERDA.
Desde Cadena Xeneize les decimos gracias y gracias a esos jugadores
¿Cómo no vas a festejar? Dale campeón, dale campeón! Boca acaba de consagrarse bi campeón del fútbol argentino. Lo hizo en el Bosque Platense, sin nuestra gente. Pero el hincha de Boca se hizo presente copando cada rincón del país, especialmente en la Bombonera, en nuestra casa, en el Templo Sagrado del Futbol Mundial.
Decían que no íbamos a festejar…. No nos conocen. Lo primero que festejamos al nacer es el ser Bosteros. Ya nacimos festejando. Y nos moriremos felices de ser bosteros. Nunca lo entenderán.
Decían que no íbamos a festejar, que es cabotaje… Es el cabotaje nro. 33 que ganamos. Nos llevamos los últimos tres torneos largos, con un breve descanso en la payasada de quince fechas que se llevó Lanús. Estamos a dos de river, la misma diferencia (pero a la inversa) que existe en títulos del mundo.
Campeones una fecha antes, siendo el equipo más goleador, a un gol de ser los menos vencidos. El que más partidos ganó, menos empató y los segundos con menos derrotas. 32 goles en la Bombonera en 14 partidos. Con 2 puntos en la tabla de los promedios, arrancaríamos con 2.142 el torneo que viene. Si, punteros desde el 11 de diciembre de 2016, en cancha de river, 515 días al hilo y vamos a seguir acumulando jornadas (parate por el mundial mediante) hasta el inicio del siguiente torneo, como mínimo.
Ahora ¿Qué torneo ganamos? El de la AFA bostera. El que jugamos contra todos. En el que hasta nos cambiaron el fixture. Nos contaron los kilómetros!!!
¿El fixture? Sí, calladitos jugamos de visitante contra cuatro de los cinco grandes (sólo Racing en casa), contra el más grande del interior (Rosario Central), contra el último campeón no Xeneize (Lanús), contra Vélez, contra los dos Platenses, contra el que más creció (Atlético Tucumán) y como locales nos mandaron los cuatro que se fueron a la B (Olimpo, Chacarita, Temperley y Arsenal) más dos de los que la tienen más jodida el torneo que viene (Tigre y Belgrano). De los últimos siete de la tabla, 6 los enfrentamos en la Boca, el restante fue el partido de ayer, el encuentro para ser campeón. Así arrancó la AFA Bostera. Así la manejaron.
¿El público? Casi vamos dos veces al Estadio Único. No nos dejaron contra Estudiantes y a pesar de los enfáticos y públicos pedidos de la CD de Gimnasia, contra el Lobo fuimos al Bosque. Ni hablar de Banfield, otro que quería ver la tribuna visitante explotar. Nada. Otros tuvieron mejor suerte mientras insultaban a Mauricio Macri, pero sólo hasta el 14 de marzo (detalles….)
¿Los pitos? Pitana para empezar con Olimpo en la Bombonera, el comité de Bienvenida. Delfino en el segundo partido de local (Godoy Cruz), otra vez Pitana en la Bombonera (Chcarita, con roja en quince minutos), Trucco contra Belgrano en la Boca y Pitana en el Monumental (tres veces en ocho fechas). Fue otro Pitanazo del Misionero pero Boca se llevó los tres puntos. Herrera contra Racing y Loustau contra Central en Arroyito (otra roja en el PT). Esas fueron las primeras diez fechas, con pitos con historial reciente muy difícil de explicar. Estaban Gago y Benedetto, claro está.
Terminamos el año con 10 ganados y 2 perdidos. Ocho victorias al hilo de entrada, récord en el profesionalismo, sólo superado por el torneo de 1924.
Sin los dos mejores pero con la vuelta de Tevez al club, arrancó la segunda parte del torneo (desde la fecha 13 contra Colón). Hubo cambio de esquema, forzado por la llegada de Carlitos. A Boca le costó mantener el nivel mostrado en el 2017 pero entre la regularidad de Barrios y el show de Pavón, Boca se sostuvo al frente. Además apareció la Copa, la Supercopa Argentina y lo apretado del calendario. Sumemos las constantes lesiones (agreguemos el caso de Goltz, por caso)
Merecida victoria contra Colón de locales, empate en Boedo (¿A la Boca no van a venir más?), trabajosa victoria contra Temperley, muy sufrido triunfo ante los pibes de Banfield y un gran nivel mostrado ante los San Juaninos. Hasta que con muchos suplentes y jugando el peor partido del torneo, llegó el 0 a 2 contra Argentinos en el siempre difícil Diego Armando Maradona.
Con Boca golpeado, la AFA Bostera elige a Delfino para enfrentar a Tigre en la Bombonera. Leo Jara hizo el gol del hincha, el que lo hacés con el último aliento, tragando la última gota de sudor para hidratarte y quedar ahí moribundo en el piso. A lo Boca carajo! Nos fuimos a Tucumán y volvimos a empatar sobre la hora. Y también sobre la hora (exceso posterior mediante), Pabló Pérez le marcaba el gol a Talleres, el escolta, el equipo de toda HUA en ese momento. Talleres quedó knock out, tal vez ni la Copa juegue.
Pero HUA tuvo su momento de gloria: dos derrotas al hilo (como en 2017) ante Defensa y Justicia e Independiente (con un penal en la última jugada no cobrado) y La Volpe empezó a ser entrevistado. El torneo volvió a tomar valor y color. Godoy Cruz no paraba de ganar, San Lorenzo sumaba y la Superliga se hizo apetecible de golpe.
Sin Goltz, Barrios, Pablo Pérez (lógicamente Gago y Benedetto), y con todos los condimentos habidos y por haber, Newells se mostraba como más temible de lo que era. Temible también es Wanchope Ábila en el área y errado es darle 20 metros libres a Pavón. El penal a Tevez pasó inadvertido, incluso hasta para Pompei. Otra prueba superada. Ahora sí la gloria se acercaba.
La lluvia no dejó jugar 9 de 10 partidos en la Provincia de Buenos Aires. Sólo en Mar del Plata hubo fútbol aquel domingo 29 de abril. Pero la AFA Bostera hizo todo para Boca. Hasta por Boca se suspendieron otros encuentros. La mencionada victoria ante Newell´s, el empate de Godoy Cruz ante Banfield del día previo los hicieron salir a todos juntos contra el Xeneize. Tanto llanto que hicieron llover cuatro días seguidos. Desde bien temprano a la mañana. Y eso que el Lobo quería jugar en el Estadio Único, con visitantes, como contáramos en unos párrafos más arriba. En Rosario, los hinchas del Rojo pudieron ver a su equipo ante Newell´s, tres veces lo hicieron los otros de Avellaneda. Boca debía jugar con Junior en Barranquilla, de día, por Copa Libertadores
Salieron con todo… que el arquero, que Pérez, que el torneo se desvaloriza, que en la Copa dependemos de Palmeiras, que el cabotaje no vale nada. Que no íbamos a festejar pero que cualquier cosa estaba la sombra de la Volpe. Ganar no era nada, perder era penoso. Sólo con Boca el mundo se interpreta así. Es que no son de Boca.
Nada mejor que designar otra vez a Delfino (Pitana lo habían gastado en las primeras diez fechas) en la cancha de Boca para enfrentar a Unión. La AFA bostera sabe cuando ponerlos. Un primer tiempo flojo con Rossi salvador y un Wanchope endemoniado para quedar a un punto de ganar la Superliga, la primera de todas.
Y llegamos al Bosque para empatar contra Gimnasia un 9 de mayo. Para dar la vuelta olímpica en estadio con poco público local pero con una Bombonera colmada como durante todo el torneo. Boca es el único equipo que juega siempre con la cancha a tope, y hasta la llena cuando juega en otro estadio.
Volvamos a los números. Fueron 32 los jugadores utilizados por Guillermo Barros Schelotto (el máximo campeón de la historia de Boca con 18 títulos, 16 como jugador, 2 como DT). Sólo Rossi y Pavón jugaron en todos los partidos. Magallán sólo faltó uno y Nandez a dos.
Benedetto con 9 goles (en nueve jugados) fue el goleador, seguido por Pavón y Ramón Wanchope Ábila con 6 (éste en 11 partidos, pero menos de 540 minutos disputados, es decir, justo un gol por partido. Encima, de esos 6, 5 fueron en las últimas tres fechas). Más atrás Pablo Pérez, Nahitan Nandez y Cardona con 4.
Boca es el último campeón del amateurismo, el primer campeón del profesionalismo. El último campeón del profesionalismo y el primer campeón de la Superliga.
Inventen los torneos que quieran, Boca nunca teme luchar., Boca lleva 106 años en primera sin descender, Boca suma 67 estrellas, Boca es grande por donde lo mires.
Festejemos que somos de Boca, y que nadie te diga que tenés que hacer. Nosotros no les dijimos a nadie cómo deben volver a primera. Cada uno lo hizo a su manera y nunca nos dijeron que se siente…
Si no conocen nuestra grandeza, que le vayan a dar consejos a los que están a su par. Aguante Boca carajo y gritá bien fuerte: DALE CAMPEÓN, DALE CAMPEÓN!

Leandro Valdés
Abogado y Periodista. Autor de Los verdaderos Mellizos de la Boca y Mística 2000. Integrante de Asados Bosteros y comentarista de Cadena Xeneize
La media Inglesa es very difilcut Alguna vez Carlos Tevez dijo en simpático inglés veri dificul como traducción de la expresión “muy difícil”.
El encuentro jugado en el moderno y coqueto Allianz Parque era, prima facie, el que se presentaba como el más complejo de la fase inicial de grupos. Lo que el calendario no podía prever es que a las ya tristemente fijas ausencias de Gago y Benedetto, debíamos adicionarle que Tevez viajó casi pidiendo permiso, dando innegables ventajas físicas. No sólo ello, una inesperada derrota en la Bombonera contra Defensa y Justicia –originada en groseros yerros defensivos- y ese sentir –por demás exagerado- que supuestamente Boca merma su nivel en partidos decisivos formaban parte de los ejercicios competitivos de un equipo que se terminó de confirmar a menos de quince minutos de iniciarse el partido.
Como vemos, decenas de condimentos extras que aumentaban la dificultad inicial de jugar ante 39000 hinchas rivales. Nobleza obliga, el fixture local le hizo un guiño a Boca. Tres días antes Palmeiras perdió la final Estadual (Paulista) contra su rival de siempre en el propio Allianz Parque. A contrario sensu, si Palmeiras la hubiera ganado la dificultad previsible hubiese alcanzado su pico máximo de valor.
Con todos esos condimentos dando vueltas, Boca llegó a San Pablo confiando en su juego. Guillermo presentó un once inicial con apellidos con vocación ofensiva, respetando –en los papeles- su predilecto 4-3-3. El local cambió a último momento dos jugadores: Diogo Barboza y el gambeteador Keno jugaron desde el inicio cuando nadie lo podía sospechar, siquiera la prensa paulista presente en el estadio. El rival también ofrecía un similar dibujo táctico pero a poco que empezó a rodar el balón, Palmeiras se plantó con un 4-2-3-1, con mucha movilidad de sus cuatro jugadores más ofensivos (Lima, Dudú, Borja -el peor de la cancha- y Keno), más las constantes subidas de Rocha y Barboza. Boca fue pragmático e inteligente. Supo que el DT Machado confiaba en que el experimentado y todo terreno Felipe Melo se haría amo y señor del medio campo pero cayó en el cerrojo planteado por Guillermo. Frente al calvo Felipe Melo estaban Pablo Pérez y Bebelo Reynoso (sí señor) dispuestos a devolver patadas, planchas, forcejeos y usar el potrero cuando la jugada lo requería. Detrás de ellos aparecía ese pulpo llamado Barrios. Así Boca no sólo impidió que el rival lo avasallara –como normalmente hacen los equipos de elite brasileros cuando juegan como locales- sino que en varios pasajes del juego, principalmente en el primer tiempo, el Xeneize le sacó la pelota. Para que ello ocurra además se precisó de la solidez de los dos centrales (que hicieron desaparecer a Borja, anticipándolo siempre) y que los dos laterales cuiden el sector de la cancha a su cargo. Dudú (cuyo apellido es el que más se lee en la espalda de las camisetas de los hinchas Albiverdes) y Keno son jugadores de temer, a quiénes no les poder dejar un metro para que encaren en velocidad. Dudú no pudo hacer valer su juego pero Keno terminó siendo la figura rival, aún antes de convertir el tanto del Palmeiras.
Wanchope Ábila jugó a su juego –forcejar entre los corpulentos defensores rivales, aunque perdió bastante más de las que ganó- y faltó algo de Cardona, quien ha bajado en su nivel y ha acotado su despliegue a cada vez menos metros cuadrados. Otro detalle destacable es que Magallán y Goltz, en los balones detenidos, dejaban de marcar en zona y lo hacían hombre a hombre contra los centrales Paulistianos. Una pena el desgarro de Goltz, tal vez lo más negativo de la noche.
El análisis táctico y estratégico dependía de como los intérpretes asumían el rol que les correspondía. Mucho se dijo más arriba. Pero lo que no se dijo es que colectivamente lo han hecho muy bien. Con aplomo, con presencia, con autoridad. Jugaron un partido de Copa como al hincha Xeneize le gusta. Eso es lo que genera Boca cada vez que pisa tierras brasileras, y eso es lo que hizo ayer. Hasta Agustín Rossi descolgó un par de centros con personalidad.
Para remarcar la solidaridad de Reynoso –para mi la figura de la cancha-, la omnipresencia de Pérez –amén de algunos pases erráticos-, la solidez que queremos de los backs y la ratificación que las corridas de Pavón siguen siendo la principal arma de Boca en ataque.
Boca controló las riendas del partido aún sin llegar al área de Jailson. Lo bloqueó por completo a Palmeiras y silenció a sus hinchas. Se logró cumplir con la parte más importante (el cero en el arco propio). Faltó profundidad, pero, siendo justos, eso debemos exigírselo más al local que al Xeneize. Ese hubiera sido el contenido de la columna si el partido terminaba en el minuto 89. Pero es la Copa Libertadores
Y la Copa Libertadores exige un plus adicional, tiene algo que la distingue y eleva por sobre cualquier torneo que se juegue en el Continente. Ese “no te podés equivocar nunca”. Jara, quien había jugado más que bien, hace un blooper, se hace un nudo sólo y se cae. Faltaban segundos para llegar al tiempo cumplido y llega el gol del Palmeiras. Injusto por dónde se lo mire.
Pero ese plus adicional se aplica en las dos áreas. Le tocó a ellos dos minutos después. La velocidad de Pavón y ese ángel aparte (de los tocados) que tiene Tevez igualaron el partido. La pelota ingresó con suspenso, previo rebote en el horizontal, para darle más emoción al –mucho más que- merecido empate del elenco de la Ribera.
Como ante Tigre, Atlético Tucumán y Talleres (pudo serlo con Defensa y Justicia pero Ramón Ábila –vital en dos de los tres antes nombrados- lo malogró), esta vez fue el turno de Palmeiras. Boca siguió peleando y yendo a buscar el arco contrario hasta el pitazo final del referí de turno. Ya no podemos hablar de algo casual. Afirmemos, sin temor a equivocarnos, que la actitud de este equipo ha positivamente mejorado.
Veri dificul lo fue, pero Boca viene cumpliendo con la media inglesa. Dos empates afuera y una victoria en casa. Se aprobó, con creces, el más duro examen copero de esta parte del año. El resultado y el rendimiento ayudan para acceder a la segunda fase. Sigamos por este camino.

Leandro Valdés
Abogado y Periodista. Autor de Los verdaderos Mellizos de la Boca y Mística 2000. Integrante de Asados Bosteros y comentarista de Cadena Xeneize

PP, Pérez perdonado

Abril 02, 2018
PP, Pérez perdonado Pablo Pérez se equivocó. Su principal error fue marcar el tanto que dejó a Boca cada vez más cerca de gritar campeón. Lo hizo en tiempo adicional, empujando la pelota con lo que pudo. La mitad
menos uno no lo toleró. Boca venció a su escolta y estiró la ventaja contra Talleres y todos aquellos que se querían acercar. Que Boca haya ganado un partido clave dejó sin tinta a alguno, apagó ciertos
micrófonos exultantes y dejó perplejos a los que asomaban sus colmillos con ese 1 a 1 transitorio.
Pablo Pérez se equivocó. Otro error radica en el haber sido elegido capitán por sus compañeros y el cuerpo técnico tras la lesión de Fernando Gago. Que sea Pérez -y no otro- puede generar algunos
ruidos a propios y también a extraños. No es del club, no ha ganado títulos internacionales pero por algo lo han elegido. Y eso debe ser respetado.
Pablo Pérez se equivocó. Su no forzado error (el orden no es casual) es haberle gritado el gol a la gente y no CON la gente. Rápidamente se arrepintió en frío. No fue su único error. En ese mismo arco
donde marcara el trascendental tanto ante Talleres, el ex Málaga fue tontamente expulsado ante River, cuando apenas iniciaba el partido. Con el tiempo (como alguno vez le ocurriera a Marcelo Delgado), logró modificar ese mirada inquisidora por el elogio y aplauso. La convocatoria a la selección nacional es un ejemplo de ello.
Siempre digo que con estos dirigentes, con estos compañeros, Pablo Pérez debe jugar. Ello no significa que sea un dotado, un
crack o una pieza histórica dentro de la rica historia del Xeneize.
Simplemente que HOY debe estar. Desde la ida de Riquelme que Boca no cuenta con caudillos. Pérez no lo es. Cuando Román era más joven, los Bermúdez y/o Serna –entre otros, siendo muy injusto en no mencionar a los que merecen ser señalados- se
encargaban de ayudar a asumir la cara del plantel ante paradas bravas. Amén de lesiones, derrotas incómodas y demás, Boca no cuenta con un Palermo, un Schiavi, un Cata Diaz, un Cascini, un Battaglia, el propio Guillermo, etc. (agrego a los antes referidos).
Tevez primero debe ponerse a punto para ser el referente. El liderazgo se ratifica en la cancha.
PP lo sabe. Por algo anticipó su vuelta a las canchas tras su lesión contra San Lorenzo. Sabía que era un decisivo partido que el elenco de la Ribera enfrentaba en el torneo local. Ya había sido una de las figuras ante River en el Monumental y fue uno de los pocos que sacó un aprobado en Mendoza ante el rival de siempre. Volvió a lesionarse en el Bajo Flores. Lejos de interpretar como irresponsable su rápida salida ante los Cuervos, veo como responsable su actitud ante los compañeros. Un mensaje claro.
Por algo, recién llegado de Europa, aún sin estar al 100%, estuvo presente los 90 minutos del partido más importante que el calendario exhibía. Las lesiones de Cardona y Tevez, sumado a lo mucho que se extraña a Gago y Benedetto, y/o que Pavón, Nandez, Barrios, Fabra llegaban de jugar con sus selecciones, eran otros condimentos que requerían del capitán un esfuerzo extra. Sin
obviar que son todas finales para el Xeneize y que se viene un partido de Copa.
No puedo soslayar que Pablo Pérez tiene una pesada mochila encima. Le tocó estar en las derrotas internacionales y finales perdidas compartiendo plantel –entre otros- con apellidos más pesados como Orión, Diaz y Gago en las primeras ocasiones, a las
que luego se sumó Tevez. Nunca fue el jugador franquicia ni el líder innato, pero –entiendo yo- el hincha se equivoca en señalarlo. Lo hacía a partir de su afán en acumular tarjetas amarillas, pero el
hincha no veía que Pérez aportaba fútbol y sacrificio a la vez, único en los últimos años que nuclea ambas cualidades.
Es que hace más de tres años que Pérez es el más regular jugador de Boca, dentro de un equipo sin figuras descollantes, que cada partido ante River ve como los pitos siempre se “equivocan” para el mismo lado. No es el equipo ideal del hincha, pero es el que hay. Y ese equipo tan –exageradamente- cuestionado lleva 39 partidos puntero del fútbol local (récord), que va por los 500 días primero.
Que ganó los últimos dos torneos largos AFA y se aproxima a sumar el tercero. Pero aún así es víctima de constantes críticas propias y ajenas. La regularidad del equipo en torneos largos va en síntoma con la regularidad de Pérez. No puedo decir lo mismo con la derrota en finales. Pérez no juega sólo. Y nunca fue el peor en esos partidos, aunque tampoco fue el mejor. A Independiente del Valle
le marcó dos goles allá (uno no cobrado), contra River Delfino también le pegó y nunca se lo vio deambular ni arrastrarse por el campo de juego en ninguno de esos encuentros.
Pero él ayer estuvo dónde había que estar, en el corazón del área chica, para darle a Boca mucho más que un triunfo agónico. Le dio a los rivales del Xeneize otro golpe a su sueño de ver a Boca tropezar.
Nuevamente Boca anota un tanto clave en tiempo de descuento, pegamos cuando otros se resignan. Otro mensaje.
Quedarse con el errado (e indefendible) festejo de Pérez es equivocarse. Es ponerse en un lugar que no corresponde. El lugar del hincha DE BOCA es alentar, apoyar, sumar, empujar al equipo a que siga yendo a buscar el triunfo hasta que el referí diga basta. El
lugar de la prensa es criticar (y con buena leche) y el de los jugadores es pelear hasta el final, hasta llegar al gol como lo hizo Jara ante Tigre o Bou en Tucumán. Si cada uno asume su rol…
Lo demás es para la gilada, para HUA, para sensibles e intolerantes.
El hincha de Boca es otra cosa. Por algo Boca no sabe lo que es descender. Porque en Boca se alienta en las buenas y en las malas mucho más. La crítica siempre debe ser constructiva.
Así como Pérez se equivocó, veo muchos más errores en las redes sociales y en la platea. Repito, cada uno debe conocer primero y luego asumir el rol que le toca. El hincha no erra un pase sino que ayuda a que el próximo tenga mejor destino.
Pablo Pérez, desde mi humilde lugar, te digo –sin ningún tipo de dudas ni medias tintas- que estás perdonado

Leandro Valdez
Abogado y Periodista. Autor de Los verdaderos Mellizos de la Boca @leandrovaldesVM y Mística 2000 @bocamistica2000. Integrante de Asados Bosteros y comentarista de Cadena Xeneize.
Wilmar, el negro del Barrios de la Boca La República de la Boca es la capital del fútbol Argentino. Tal vez la capital futbolística del continente americano. En 1904 nació el segundo equipo más importante del país, y un 3 de abril de 1905 nació la pasión en su más puro estado y amplio sentido: Boca Juniors, el que nunca teme luchar y jamás descendió.
Desde sus orígenes que la historia dividió a ambos equipos. Los aristócratas de la faja (franja) roja en sus limpias camisas blancas contra los laburantes genoveses. Los primeros se fueron y nunca más volvieron, el pueblo siempre se quedó en la República que lo vio nacer. La identificación de los Xeneizes con el barrio es total e indestructible.
Uno millonario, de galera y bastón; el otro es puro amor, garra y temperamento. Boca es luchar contra todos, aún en el barro. Y es representar un barrio, una república. Hablemos entonces de Wilmar Barrios, que lucha solo, aún en el barro y nos representa.
Cuando Barrios juega, propios y extraños lo sienten. No hace falta mirar las estadísticas de lo que significa la presencia del colombiano nacido en Cartagena de Indias. Si juega Barrios, hay más chances de ganar y de recibir pocos goles. Tan decisivo como irreemplazable.
Inicialmente era suplente. Guillermo Barros Schelotto priorizó un “5” de juego respecto al de quite. En su primer partido como titular, fue reemplazado en el entretiempo (vs Central, Copa Argentina 2016). En 2017 la historia pareció cambiar. Comenzó siendo titular contra Banfield en el Sur, luego fue suplente dos veces seguidas, la rompió contra Velez en Liniers pero aún así no era prioridad para el Gran Mellizo. De hecho, fue suplente contra River en la Bombonera, partido que Boca cayó 3 a 1, que pudo haber puesto en jaque el torneo pero que significó el trampolín para que el DT haga los cambios que todos pedíamos. Barrios y Tobio adentro, Betancur y Vergini afuera. Luego Jara ingresó por Peruzzi. Y ahí la base estuvo. Y está.
Amén de lo decisivo que es para todo el andamiaje defensivo y el orden táctico del equipo, desde aquel Boca 1 Newells 0, Barrios jugó siempre, y hasta completó los 90 minutos. Una sóla vez fue reemplazado (ante Belgrano, cuando Boca ya ganaba 3 a 0).
Juega, está dónde debe estar, ordena, manda, corre, releva, recupera, pasa bien el balón, ataca cuando ve el claro, distribuye si sus compañeros están tapadas, es el primer pase cuando Rossi sale del fondo. Es todo eso y más. Ayer recuperó la bola en nuestra área en el minuto 93 y en esa misma jugada asistió a Wanchope Ábila con una tranquilidad propia del que todo lo puede, en un momento dónde la pelota pesaba treinta kilos.
Hay un Boca sin él (el del 0 a 2 ante Argentinos en La Paternal) y otro con él (el que lleva más de 400 días puntero). No lo duden.
La tarde ayer ante Tigre fue otra noche furiosa del ex Tolima, esas que enamoran al hincha de Boca. Partidos que nos llevan a pedirle a los dirigentes que blinden ese jugador, que lo queremos diez años en el club. Porque el Negro, como cariñosamente lo apodamos y desde los cuatro costados del estadio ayer lo ovacionaron, entendió todo lo que es de Boca desde que debutó en el club. El miércoles –en Mendoza- tiene su chance de entrar en páginas aún más centrales de nuestra rica historia. Tiene todo lo necesario para hacerlo.
Con escasos 42 partidos vistiendo la azul y oro, marcando solo un tanto (decisivo para vencer al Pincha en el Estadio Único de La Plata) hubo identificación y amor a primera vista. Y es cada vez mayor.
A más de un siglo y una década de jugar en primera, los laburantes y humildes de la República de la Boca, los identificados con el barrio, encontraron alguien que reúne su historia desde su propio nombre y porte: se llama Wilmar, es negro, es pura garra y temple y su apellido es –lógicamente- Barrios. Es el alma de este Boca. Y Boca es nuestra alma.

Abogado y Periodista. Autor de Los verdaderos Mellizos de la Boca @leandrovaldesVM y Mística 2000 @bocamistica2000. Integrante de Asados Bosteros y comentarista de Cadena Xeneize.
La vuelta de Pablo Pérez, lo único rescatable Un mix Xeneize cayó 0 a 2 contra Argentinos Juniors. El local –con su gente insultando a Tevez y a Macri constantemente- salió a ganar el partido desde los ejercicios precompetitivos. Como ocurre casi siempre, los rivales juegan contra Boca como si fuese una verdadera final. Encima una lluvia de fuegos artificiales iluminó el cielo antes que Merlos haga sonar su silbato por primera vez. Boca no lo tomó así. Como tampoco lo hizo contra Banfield y Temperley, tal vez especulando en las innegables diferencias que existen para contra esos equipos. Contra los mencionados equipos del Sur le alcanzó jugando mal.
La juventud del Bicho jugó con mucha intensidad, con vehemencia al disputar cada pelota. Sandoval le pegó a Cardona desde el inicio. Pavón perdió con Kevin Mc Allister cada vez que lo encaró. Y la manejó con criterio, con inteligencia. Sebastián Pérez sigue dilapidando chances. Lo de los centrales de Boca es difícil de explicar. Bufarini tuvo una floja tarde noche (el wing izquierdo rival –Batallini- fue la figura de la cancha) y Mas tuvo un muy mal primer tiempo (le ganaron la espalda tres veces) y jugó mucho mejor en la segunda mitad. Reynoso sigue aggiornándose a la camiseta de Boca, por ahora algo tímido. Nandez fue el que marcó el camino los primeros 45 minutos y Maroni, aún intermitente, fue el más vertical y quien más quiso ganar. El chico Maroni es el único que trató de generarle dudas a Guillermo, al menos para tener presencia en el banco de los suplentes.
Wanchope Ábila es otro que dejó pasar una gran chance, una oportunidad única de jugar con Pavón y Cardona, pero las dos que tuvo para convertir hizo lo contrario a lo que pedía la jugada. De hecho, de un mal pase de Ramón Ábila nace el segundo y definitivo gol de Argentinos Juniors. Ese tanto fue la mejor explicación de cómo jugó Boca: ayudó a que el rival convierta, sin ofrecer demasiada resistencia. Hace años que no veo a un jugador empujando la pelota desde sin oposición, tan solo. Ni hablar del primer gol: un jugador que le gana a Heredia (varios centímetros más bajo), uno desborda y cinco jugadores de Boca miraron a la distancia como un único rival convierte.
Vaya paradoja, jugamos con un 9 bien de área y fue el partido con menos llegadas del Xeneize en todo el 2018.
Como remarcara más arriba, partidos como el de ayer dejan a la vista que hay titulares y suplentes. Por más trayectorias que pudieron haber tenido algunos, el presente de los 11 que normalmente juegan está alejado de quienes los reemplazan. Ni hablar de las velas prendidas y rezos diarios que hacemos los Xeneizes para que Goltz y Magallán jueguen siempre, por más que el ex Huracán y Lanús tenga mal trecha su rodilla y esté en duda para el 14/03.
Está claro que Wilmar Barrios es tan necesario para el funcionamiento de Boca como lo es Pablo Pérez. La vuelta del capitán ha sido lo único positivo en una noche para el olvido. Olvidémosla.

Abogado y Periodista. Autor de Los verdaderos Mellizos de la Boca @leandrovaldesVM y Mística 2000 @bocamistica2000. Integrante de Asados Bosteros y comentarista de Cadena Xeneize.

BOCA FUE UN ZONDA

Febrero 26, 2018
BOCA FUE UN ZONDA Boca venía de dos partidos en los que había ganado por la mínima, sin jugar bien, ante rivales claramente inferiores pero con los 6 puntos adentro.
San Martín de San Juan de Pipo Gorosito parecía un adversario de mayor envergadura a los dos precedentes. Como Temperley y Banfield, buscó poblar el medio campo con varias camisetas verdinegras.
Lo que cambió –y mucho- fue la predisposición y actitud del Xeneize. Desde el minuto cero fue un vendaval, se llevó por delante a San Martín de San Juan. Boca jugó como el tradicional viento zonda sanjuanino, y arremolinó a todos los jugadores contra campo rival. Propios y extraños.
En menos de diez minutos Boca ya había marcado dos goles y tuvo otras dos muy claras para anotar. Pero una pelota parada, tras una innecesaria falta, generó unos aislados minutos de zozobra y permitieron exhibir ciertos desacoples defensivos del Xeneize. Ahí la hinchada de Boca dijo presente y el Zonda llegó desde las cabeceras para volver a empujar al elenco San Juanino contra Ardente.
Por momentos Boca estaba más cerca del cuarto que San Martín de empatar. Se percibía que si el local estaba fino en los últimos metros, había olor a goleada. Como ante Godoy Cruz, un equipo Cuyano fue a la Bombonera a presionar arriba y jugar palo por palo. La diferencia, a la corta o la larga, la hacen las individualidades y la capacidad técnica de los jugadores Xeneizes. Ahí está la explicación del porque vemos como Guillermo prefiere jugar de esa forma en varios pasajes de los encuentros. Si para muestras sólo basta un botón, fijémonos como Gorosito debió cambiar a su lateral izquierdo porque ese andarivel era una autopista para los ataques del equipo de los Mellizos.
Boca terminó el primer tiempo ganando por sólo un tanto y comenzó la segunda etapa tal cómo había jugado en el primer tiempo. Un gol mal anulado a Cardona a los segundos de juego reflejó las intenciones de Boca. Las tribunas seguían jugando aún mejor que Magallán y Tevez, las figuras del partido. Rossi seguía mostrando sus dotes de arquero de equipo grande al tapar un mano a mano ante Mosca. Se hacía rogar el tercer tanto, se lo veía contracturado a Pavón pero Boca no aflojaba el ritmo. La pared entre el 7 y el 32, la asistencia al 15, gol de Nandez y algo de justicia al tanteador.
Todo lo anterior se multiplicó. La fiesta en las tribunas, la superioridad en el campo de juego.
Ingresó Espinoza, pero al igual que en los anteriores encuentros, el ex Huracán no aprovechó los minutos en los que participó. Mientras anochecía todos imaginamos un final de partido a puro cántico y emoción. Aparecieron las menciones al llanto del eterno rival. Quedaban cinco minutos. Wanchope Ábila entró por su amigo Tevez. Hasta que el uruguayo Maxi Rodríguez jugó al papi fútbol, asistió a Spinelli e insólitamente el score apareció 2 a 3. San Martín de San Juan estaba a un tanto de lo que futbolísticamente lucía a cinco. La ilusión fue efímera. Largo pelotazo cruzado de Fabra para que Ábila se de el gusto de definir el encuentro, marcando una conquista bien de goleador.
Nuevamente la justicia apareció en la Bombonera. Cuatro goles marcó Boca después de varias fechas (desde la séptima ante Belgrano de Córdoba) y el Xeneize sigue estirando ventajas en la tabla de posiciones. Algunos están a 24 puntos, a un punto del histórico 2008 que Boca terminó campeón y river último.
Ahora bien, ahora si podemos afirmar que por lo mostrado en el campo de juego, la diferencia de puntos ante los eventuales rivales volvieron a dejarse a la vista. Es que cuando Boca es un zonda, no hay paridad posible.

Abogado y Periodista. Autor de Los verdaderos Mellizos de la Boca @leandrovaldesVM y Mística 2000 @bocamistica2000. Integrante de Asados Bosteros y comentarista de Cadena Xeneize.
Ganar sin golear ni gustar pero ganar al fin... Al igual que la fecha pasada ante Temperley, el equipo de Guillermo Barros Schelotto no jugó bien y fue superado en varios momentos del partido por un rival claramente inferior, formado por casi todos jugadores de inferiores de Banfield. Si el análisis se circunscribe únicamente al juego, deberemos insistir entonces que el 4-2-3-1 con el que hoy juega Boca carece de los intérpretes necesarios. Y si cambiás al 4-3-3 tampoco. Es porque faltan Gago y Pablo Pérez. Ni hablar además de las soluciones que brindaba Benedetto.
Me explico mejor: sin Pablo Pérez ni Gago, está claro que a Boca le falta fútbol y manejo de los tiempos del partido. Ayer Guillermo probó juntando a Cardona y Bebelo Reynoso pero ninguno de los dos sienten la marca y el retroceso como ambos esquemas antes mencionados exigen. De ese lado Banfield (con Gómez y Bettini) atacó a Boca durante más de veinte minutos. Siquiera el auxilio de Pavón (cambiando de extremo por un lesionado Cardona) modificó la ecuación.
Para no ahondar más en el asunto, si Boca va a jugar 4-3-3 (sin Pérez ni Gago), Guillermo deberá elegir entre Cardona y Reynoso. Y deberá pedirle a Tevez que no salga tanto del área, que no volantee –como se dice en la jerga-. Si Guillermo prefiere el 4-2-3-1, otra vez Reynoso y Cardona deberán pelear por un lugar, dando por descontando que con ese esquema Tevez será quien juegue detrás del 9. Y según como viene eligiendo Guillermo, deberá darle el lugar de centroforward a Bou por sobre Ramón Ábila. El 4-2-3-1 exige la presencia de un 9 de área.
A nivel defensivo (6 goles recibidos en 15 fechas, 10 partidos en los que a Boca no le marcaron tantos, sólo Racing nos hizo dos goles), Boca se muestra firme, y en las situaciones in extremis los apellidos aparecen. Lo hizo Rossi en algún partido, lo hizo Fabra ante Temperley y ayer Jara contra Banfield. El muy buen nivel que vienen mostrando Goltz y Magallán nos ayudan a olvidar que Boca precisa de otros central (al ser Vergini el primer suplente).
Hay otro análisis que no merece demasiado estudio. Boca es puntero hace más de 430 días y gana aún jugando regular. La foto de la tabla de posiciones, en una Liga tan irregular y competitiva como la nuestra, nos autoriza a suavizar el análisis táctico de Boca, es decir, a omitir hablar de la falta de jugadas elaboradas en pelotas paradas, de los bancos de suplentes, en lo que tardó Guillermo en poner a Buffarini contra Colón y ayer, de las pocas situaciones de gol que generamos. Son detalles ya casi para exquisitos si el razonamiento lo hacés desde la realidad misma de los números. Y los campeonatos se ganan por puntos, no por funcionamientos. La Copa Libertadores y la final del 14/03 con River es otro cantar.
Como dice el título de la nota, Boca gana sin golear ni gustar, pero gana al fin. Le sacó dos puntos más de ventaja a Talleres, Godoy Cruz e Independiente, impidió que San Lorenzo se acerque y otro nos mira 21 puntos abajo. Siempre es más fácil corregir y mejorar desde la victoria. Las victorias no paran de aparecer, el fútbol pronto llegará.

Abogado y Periodista. Autor de Los verdaderos Mellizos de la Boca @leandrovaldesVM y Mística 2000 @bocamistica2000. Integrante de Asados Bosteros y comentarista de Cadena Xeneize.